Presentación:

Bienvenidos a la biblioteca de la Universidad Pontificia de México, especializada en teología, filosofía y derecho canónico con un acervo aproximado de 115, 000 volúmenes. La hemeroteca cuenta con 400 títulos diferentes de revistas especializadas.

REFERENCIAS HISTÓRICAS DE LA BIBLIOTECA UPM

El texto que a continuación leeré es una síntesis de aquél preparado para esta ocasión por el Pbro. Dr. Manuel Olimón Nolasco, profesor fundador y primer bibliotecario de la Universidad Pontificia de México. Espero ser fiel a los datos que amablemente nos ha ofrecido, pues por razones de tiempo no es posible leerlo completo.

UNA BIBLIOTECA FRUTO DE GENEROSIDADES

A la distancia de casi veinticinco años de la reapertura de lo que hoy es la Universidad Pontificia de México, en el marco celebrativo del año jubilar que ha sido proclamado para festejar el primer cuarto de siglo de nuestra "alma mater", y ante este edificio que albergará de aquí en adelante el rico y valioso acervo bibliográfico y hemerográfico con el que contamos, surge la pregunta: ¿Cómo se formo una biblioteca de tal tamaño y valor?

Para responder es necesario retroceder, por lo menos, a 1937, año de la fundación del Seminario Nacional de Santa María de Guadalupe, mejor conocido como "Montezuma Seminary", que estuvo ubicado muy cerca de las montañas Rocallosas, en Montezuma, al norte de Nuevo México, parajes que fueron en otros tiempos territorio novohispano y mexicano y que a raíz del Tratado de Guadalupe Hidalgo, pasó a ser de los Estados Unidos de Norte América, en 1848.

El Seminario de Montezuma, después de una serie de vicisitudes eclesiales, políticas y económicas, abrió sus puertas, con la venia de los episcopados de Estados Unidos y de México y la encomienda del Papa Pío IX a la compañía de Jesús para su régimen interno. Junto con sus primeros superiores, profesores y alumnos, llegaron libros provenientes de los seminarios de Zacatecas y Morelia, y algunos más que habían sido rescatados de bibliotecas saqueadas de seminarios mexicanos, los cuales se habían salvado de la ola carrancista y habían ido a parar a casas particulares. Otra cantidad significativa de libros fueron aportados por colegios jesuitas como el Woodstock College de Nueva York, y de algunos seminarios de Estados Unidos y Europa.

De esta manera fue formándose y creciendo la biblioteca del Seminario de Montezuma que estuvo a cargo, durante bastantes años, de destacados historiadores jesuitas, como el P. Daniel Olmedo y el P. Luis Medina Ascencio, quienes la enriquecieron mediante un criterio a la vez abierto y selectivo. El Seminario, a pesar de que jamás abundó en bienes económicos, tuvo siempre en su presupuesto un rubro para la adquisición de libros. No podemos dejar de mencionar que, además de las valiosas donaciones de determinadas instituciones, un buen número de libros fue donación de clérigos particulares que, a través de los años de existencia del Seminario de Montezuma, fueron motivados por los bibliotecarios en turno.

Una de las más importantes aportaciones económicas para la compra de libros se obtuvo en 1965, a raíz de la resolución del Tribunal Internacional de la Haya del laudo arbitral sobre el fondo piadoso de las Californias, que fue aceptado por el Presidente Gustavo Díaz Ordaz en 1964. Este fondo era un capital de origen virreinal, producto de la desamortización de las "temporalidades" de los jesuitas, realizada por la Corona española en 1767, y que fue administrado, después de la independencia, por el gobierno mexicano, y cuyos réditos habían dejado de pagarse por Don Benito Juárez y los gobiernos sucesivos.

El Obispo de Monterey (sic), California, que había promovido el asunto y obtenido el fallo favorable del mencionado Tribunal Internacional, propuso en 1964 a la Conferencia Episcopal de Estados Unidos que la mayor parte de lo recibido se entregara al Seminario de Montezuma para la actualización de la biblioteca.

Así se formó, a grandes rasgos, el gran acervo que llegó a la Universidad Pontificia de México en 1982, proveniente del Seminario Regional de las diócesis del estado de Hidalgo (Tula, Tulancingo y Huejutla) establecido en Tula y que fue el sucesor inmediato del antiguo nacional de Montezuma. Por un acuerdo entre la Conferencia del Episcopado Mexicano y la Provincia Mexicana de la Compañía de Jesús, hecho al cierre del Seminario de Montezuma, el acervo bibliográfico que de éste fue trasladado a Tula en 1972, habría de pasar a la futura Universidad Mexicana, que no sería ya un seminario, sino que estaría abierta a clérigos y laicos y cuya reapertura fue solemnemente declarada el 29 de junio de 1982 en la Basílica de Guadalupe.

En miles de los libros de nuestra actual biblioteca, bajo el sello distintivo de la Universidad Pontificia de México, impreso en los cantos, en la contraportada y en algunas páginas, podemos ver un sello rectangular que dice: "Biblioteca Seminarii Centralis Mexicani Montezumensis"; en otros, además uno redondo que reza: "Ex libris Societatis Iesu Domus Montezumensis".

A esta breve reseña sobre el origen del acervo de nuestra actual biblioteca, debemos añadir que no cabe duda que a lo largo de casi veinticinco años de reapertura de la Universidad Pontificia de México, éste ha ido aumentando cada vez más, gracias al trabajo de todos aquellos que han puesto manos a la obra como responsables de este rico caudal, y a la generosidad de tantos hombres y mujeres que, a nombre de importantes instituciones o del suyo propio, han contribuido con sus valiosas donaciones en especie o con aportaciones económicas al enriquecimiento del mismo. De igual manera, el intercambio bibliográfico y hemerográfico con universidades e instituciones académicas de diversas partes del mundo, así como la adquisición por concepto de compra, no han permitido contar con el material que en este recinto que hoy se inaugura y bendice.

Misión

Satisfacer las necesidades de información de nuestros usuarios, a través de los diferentes medio con los que cuanta la biblioteca.

Visión

Mantener y acrecentar el acervo bibliohemerográfico, así como ofrecer los servicios de acceso a la información necesario para un servicio de calidad.

Objetivo

Contar con personal profesional y comprometido, instalaciones, mobiliario y equipo idóneos para ofrecer un adecuado ambiente de estudio e investigación