Después de la contingencia sanitaria, ¿cómo volveremos a la normalidad?

Después de la contingencia sanitaria, ¿cómo volveremos a la normalidad?

Confinamiento ético

El ritmo de vida de las personas y de la sociedad entera se ha modificado asumiendo un sorpresivo confinamiento domiciliario como medida de higiene y prevención ante los riegos de un enemigo invisible. En otras épocas de la historia la humanidad asumió con dolor, y con menos recursos que los nuestros, los embates de otras epidemias, guerras y catástrofes naturales, pero aprendió, se organizó, y la superación permitió desarrollos positivos. Esta experiencia de encierro aparenta con ser una pena que nos obliga a mantener una disciplina no deseada y que nos enfrenta a nuevas adaptaciones éticas. En efecto, hay que afrontar la soledad individual, reactivar la estrecha convivencia familiar compartiendo los tiempos y espacios domésticos con amable disposición; evitar las diversiones masivas, reducir las jornadas y salarios laborales, truncar encuentros furtivos con amigos y amantes, ahorrar ante un futuro incierto, etc. Esto parecía ‘lo normal’ y lo incuestionable. Y mientras pasa este compás de espera nos mantenemos en una especie de aguante resignado.

Volver a la normalidad

Normalidad es un término filosóficamente relativo, pero nos hacemos a la idea de que el ser humano normal es la persona normada por criterios, principios, leyes y mandatos religiosos que dirigen su conciencia de manera favorable. Con las normas de higiene ante la pandemia procuramos la pureza de los objetos y del ambiente para evitar el contagio. Pero, al final de este pasaje, ¿habremos revisado y fortalecido nuestros criterios morales?, ¿lograremos sanear (por no decir desinfectar) pensamientos y temperamentos?, ¿podrán nuestras familias gozar de relaciones renovadas, saludables, después de lo vivido dentro de los propios límites?, ¿las organizaciones humanas se comprometerán a mejorar el bienestar común o perseguirán sus propios intereses? Con estas cuestiones verificamos que la emergencia sanitaria se traslada al fenómeno de la conciencia. Parecía que durante la cuarentena bajaría el número de homicidios, que el cáncer de las extorsiones se detendría, no sabíamos cómo reaccionaría la violencia intrafamiliar. Tristemente no ha sido así.

Disyuntiva social

El día en que la contingencia sea levantada ¿la sociedad volverá a su frenetismo y a su ‘normal’ manera de repetir los patrones que tenía antes del resguardo higiénico o cobrará conciencia de una nueva y saludable convivencia social para el desarrollo humano? ¿Qué esperar de las convicciones que los hombres profesan para su devenir personal y social? ¿Qué habremos aprendido? Ciertamente la contingencia nos encontró en un momento privilegiado donde la tecnología de la comunicación mitigó el encerramiento. Pero ¿habremos desarrollado la tecnología de la paz, de los acuerdos justos y amables o seremos los mismos descarriados sin disciplina? Las proclamas sanitarias aluden al mejor cuidado personal: “cuidándote me cuido”, “estornuda de etiqueta”, “lávate las manos”, etc., lo que indica reforzar el aprendizaje para mejorar la salud física. Quiera Dios nos dispongamos a la verdadera salud, de cuerpo, mente y corazón, que volvamos a la normalidad de la reconciliación humana, del bien común y, sobre todo, a la normalidad del amor a Él y al prójimo.

Pbro. Lic. José Alberto Hernández Ibáñez
Secretario General de la UPM

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