El Plan de Iguala: un plan enriquecido por varias propuestas de independencia, 1808-1821

El Plan de Iguala: un plan enriquecido por varias propuestas de independencia, 1808-1821

El 24 de febrero de 1821, en el risueño pueblo de Iguala, Agustín de Iturbide reunió a sus tropas constituidas por antiguos insurgentes y realistas y proclamó el Plan de Independencia de la América Septentrional, programa ideado por él para lograr la tan anhelada independencia absoluta de la Nueva España y la creación de una nueva nación libre y soberana.

Se ha repetido, desde 1822, que este Plan, conocido como de Iguala, nació de una reunión de reaccionarios o “serviles”, es decir, anticonstitucionalistas, en la Casa de Ejercicios de la Iglesia de La Profesa en la Ciudad de México. El creador de este adjetivo fue Vicente Rocafuerte, personaje originario de Guayaquil (hoy Ecuador), autor del Bosquejo Ligerísimo de la Revolución de Méjico: desde el Grito de independencia de Iguala hasta la Proclamación Imperial de Iturbide (Imprenta de Teracrouef y Naroajeb, Philadelphia 1822), libelo (escrito que denigra y calumnia) publicado bajo el seudónimo «Un Verdadero Americano».

Rocafuerte llama al Plan de Iturbide «Plan de los serviles de La Profesa», y describe a la Junta Provisional Gubernativa, en donde residía el gobierno según el artículo 5º de dicho Plan, como conformada por «los hombres más ineptos, o más corrompidos, más ignorantes o más serviles; en fin, y de la gente más odiada o desconceptuada de Méjico».

Un análisis sereno del Plan de Iguala, y de los integrantes de la Junta Provisional Gubernativa, muestra lo injusto y falso de las acusaciones de Rocafuerte. Éste falsea los hechos cuando menosprecia a los miembros de la Junta Provisional Gubernativa, quienes, de acuerdo con Niceto de Zamacois (1820-1885), eran «considerados como los hombres de mayor ilustración que entonces había y muchos de ellos habían tenido parte en la revolución que se había comenzado».

Ideas, proyectos y personajes del proceso emancipador en el Plan de Iguala

1808. De las propuestas de los criollos del Ayuntamiento de la Ciudad de México deriva la creación de una Junta o Congreso de Americanos, ante las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII. Fray Melchor de Talamantes, mercedario peruano, quien apoyó la propuesta del Ayuntamiento, escribió: «aproximándose ya el tiempo de la independencia de este reino, debe procurarse que el Congreso que se forme lleve en sí mismo, sin que se pueda percibirse de los inadvertidos, las semillas de esa independencia sólida y durable, y que pueda sostenerse sin dificultad y sin efusión de sangre».

Juan Francisco de Azcárate, encarcelado en 1808 por su defensa de la soberanía popular, se unió a la Trigarancia, junto con otro participante de la causa del Ayuntamiento, José Mariano de Sardaneta, Marqués de Rayas, acusado de infidente. Ambos serán miembros de la Junta Provisional Gubernativa de 1821.

1809-1811

En la Ciudad de Valladolid, cabeza del obispado de Michoacán, la diócesis de entonces con mayor conciencia social, se reunió, en 1809, un grupo de abogados, sacerdotes y miembros de la milicia en una conspiración que buscaba la creación de una Junta de americanos que gobernara el reino mientras estuviera preso Fernando VII, la defensa de la religión católica, la independencia del reino y la abolición de tributos a los indios y castas.

José Mariano de Michelena, uno de los conspiradores, aparecerá en 1820 apoyando el Pronunciamiento de Rafael del Riego en Cabezas de San Juan, y pidiendo la restauración de la Constitución de Cádiz y el cese del envío de tropas a combatir a los insurrectos en América del Sur.

El sacerdote, poeta y escritor, Manuel de la Torre Lloreda, preso en 1809 por conspirador, en 1821 apoyó la Trigarancia y la monarquía constitucional por sus grandes ventajas: unidad de mando, estabilidad sin despotismo, libertad de prensa etc., y propuso darle la corona a Iturbide.

1810-1815

Ignacio de Allende (1769-1811) estableció una Junta secreta en su villa natal, San Miguel el Grande, con más de 60 conspiradores. En dicha Junta se eligió al padre Miguel Hidalgo como vocero de la insurrección, pues se pensaba que el pueblo no seguiría a un civil o a un militar, pero sí a un sacerdote.

Entre 1810 y 1815 varios clérigos participaron en la insurrección: el propio Hidalgo, José Maria Morelos, Mariano Matamoros, José Maria Cos, José Sixto Verduzco, y otros también en las fuerzas virreinales que combatieron a los rebeldes. Sin embargo, la mayor parte de los eclesiásticos se mantuvieron neutrales y defendieron a sus fieles.

Miguel Malo, conspirador de San Miguel en 1810, consumó la independencia en su villa natal en 1821. El editor del primer periódico insurgente, El Despertador Americano, el padre Francisco Severo Maldonado, apoyó la Trigarancia en 1821. Se unieron luego al proyecto de Iturbide los hermanos Ignacio y Ramon López Rayón, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo, Guadalupe Victoria, Manuel Mier y Terán, y muchos más.

De 1810 a 1815, los trigarantes compartieron con la insurgencia, la defensa de religión católica, la independencia absoluta de la Nueva España, la necesidad de una Junta de Americanos o un Congreso de representantes, el mantener el trono a Fernando VII (hasta 1814), la igualdad de todos los habitantes, el guadalupanismo, la necesidad de una Constitución propia, la libertad de prensa y el rechazo a la esclavitud.

En la Constitución de Apatzingán de 1814, de inspiración republicana, participarán como autores el sacerdote José Manuel Herrera, y el licenciado Andrés Quintana Roo, y formarán parte luego del Gabinete de Iturbide, como ministro y viceministro de Relaciones Interiores y Exteriores del Imperio, respectivamente

1816-1820

En 1817 Xavier Mina y unos 300 oficiales de varios países llegaron a Nueva España en apoyo de la independencia. Refrendaban la Constitución de Cádiz, abolida por Fernando VII, buscando convencer a insurgentes y realistas de unirse para lograr la independencia de la Nueva España.

El movimiento Trigarante compartió la idea de unir a realistas e insurgentes y lo logró. A diferencia de Mina y sus compañeros, que quisieron establecer una república, el plan de Iturbide propendió por una monarquía constitucional, por entonces el modelo de las revoluciones atlánticas de 1820 en Nápoles, Grecia, el Piamonte, Portugal, y los movimientos revolucionarios en los ducados alemanes.

En 1820 Rafael del Riego se pronunció cerca de Sevilla, lo siguieron varios militares, logrando que el rey Fernando VII restableciera la Constitución de Cádiz (1812).  El Plan de Iguala propuso que se gobernara la nación independiente con la Constitución española, mientras el Congreso mexicano elaboraba la propia, estableciéndose así una monarquía constitucional.

Guadalupe Jiménez Codinach

(Fomento Cultural Banamex)

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