El ministerio del catequista…  los héroes de la fe

El ministerio del catequista… los héroes de la fe

El ministerio del catequista

Con las palabras “Antiquum ministerium” inicia el Papa Francisco su motu proprio, por el que instituye el ministerio laical de Catequista (10 mayo 2021). Expresión que significa que el ministerio de Catequista en la Iglesia es muy antiguo. Después de que muchas voces insistieran en que se reconociera la tarea del Catequista en la Iglesia, finalmente el Papa Francisco da este paso. Ya el Papa Pablo VI había insinuado este reconocimiento en 1975 (cf. Evangelii nuntiandi, 73). La institución del ministerio de Catequista se inserta en el mismo camino del Directorio para la Catequesis, recién publicado en marzo de 2020, en el contexto amplio de la Nueva Evangelización, que el mundo globalizado requiere hoy.

Es un ministerio laical

Se trata de un ministerio laical, que se ha de ejercer de manera plenamente secular, sin caer en ninguna expresión de clericalización (n. 7). Podrán acceder a él tanto laicos como religiosos no clérigos, hombres y mujeres.

En su motu proprio de enero pasado, por el que modificó el canon 230 § 1 para que también las mujeres puedan acceder a los ministerios de Lector y Acólito, el Papa Francisco explica el significado del concepto ministerio: se trata de un carisma reconocido públicamente e instituido por la Iglesia, que se pone, de forma estable, a disposición de la comunidad y su misión (m.p. Spiritus Domini). En ese sentido, el Catequista «realiza un auténtico servicio eclesial a la comunidad» (Mons. Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización).

Qué es un Catequista

Catequista (katechistés) es una palabra que deriva del verbo griego katechein (= resonar, hacer resonar) y significa “el que da una instrucción cristiana, de manera ordenada y sistemática”. El Papa Francisco explica que los antecedentes del Catequista se remontan al Nuevo Testamento, como uno de los múltiples carismas que el Espíritu Santo concedió a las comunidades cristianas. De hecho, el catequista tuvo un papel muy importante en la formación de los catecúmenos y en la instrucción mistagógica de los neófitos.

El Catequista es testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios; maestro y mistagogo; acompañante y educador. «Una identidad que sólo puede desarrollarse con coherencia y responsabilidad mediante la oración, el estudio y la participación directa en la vida de la comunidad» (n. 6).

Ser Catequista es una vocación, que la Iglesia certifica mediante el reconocimiento público. Según el Directorio para la catequesis, esta misión adquiere diversos grados de dedicación, de acuerdo con las características de cada uno: a veces solo se ejerce este servicio de modo temporal o incluso de modo meramente ocasional; pero es necesario que también exista un cierto número de religiosos y laicos, estable y generosamente dedicados a la catequesis, reconocidos públicamente por la Iglesia (Directorio, 123). En este sentido, no todos los que actualmente dan catecismo recibirán el ministerio de Catequista, sino únicamente aquellos que cumplan ciertos requisitos, que tendrán que establecer las Conferencias Episcopales.

Rito y normativa

En breve, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos debe publicar el Rito de Institución del ministerio laical de Catequista. Entre tanto, también las Conferencias Episcopales deben establecer el necesario itinerario de formación y los criterios normativos para acceder al ministerio de Catequista, así como las formas más coherentes para el servicio que van a realizar (n. 9). Entre las cuestiones que deben regular está: la edad, los estudios necesarios, las condiciones y modalidades de acceso al ministerio (Fisichella).

El Papa Francisco señala algunos criterios para elegir a los candidatos a este ministerio: tener la vocación y ser llamados por el Obispo mediante el Rito de Institución; que se realice de manera laical; para hombres y mujeres de profunda fe y madurez humana, con participación activa en la vida de la comunidad cristiana; que reciban la debida formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica: deberán ser expertos en el Catecismo de la Iglesia Católica; que hayan recibido catequesis; que sean fieles colaboradores de los sacerdotes y diáconos; que estén dispuestos a ejercer el ministerio donde sea necesario, animados por un verdadero celo apostólico (n 8).

Reflexión final

La institución del ministerio de Catequista es un reconocimiento a un servicio que siempre se ha prestado en la Iglesia. Indudablemente, servirá para elevar la calidad de la catequesis. Pero ¿no será también motivo de discriminación o de deserción, pues no todos podrán acceder a la institución? ¿Cómo se les designará a quienes den catecismo sin estar revestidos del ministerio de Catequista? En México, los catequistas han sido los héroes de la fe, que a nivel parroquial han preparado a los niños y adolescentes para los sacramentos de la iniciación cristiana, aun en los lugares donde no hay sacerdotes. Actualmente, una gran mayoría de catequistas son adolescentes y jóvenes, que muchas veces, al iniciar la Universidad o un trabajo o al casarse, dejan de prestar el servicio. ¿Cómo reconocerles a ellos este servicio? La Conferencia del Episcopado Mexicano tiene una tarea muy importante por delante.

Pbro. Dr. Mario Medina Balam
Decano de la Facultad de Derecho Canónico de la UPM

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