Reforma del Derecho Penal Canónico

Reforma del Derecho Penal Canónico

Pascite gregem Dei (“Apacentad la grey de Dios”). Así comienza la Constitución Apostólica, mediante la cual el Papa Francisco reforma el entero Libro VI del Código de Derecho Canónico, que corresponde al derecho penal. El Documento está fechado el 23 de mayo de 2021, pero fue publicado el 1 de junio y entrará en vigor el próximo 8 de diciembre. Este tiempo de vacatio legis tiene como propósito que el entero pueblo de Dios conozca esta legislación, sobre todo, los pastores y superiores de cada comunidad, a quienes corresponde su correcta aplicación.

Derecho penal benedictino-franciscano

El sistema penal que se abroga contenía textos indeterminados y dejaba a los Obispos y Superiores un margen muy amplio de discrecionalidad para aplicar la disciplina penal. Por tal razón, el Papa Benedicto XVI encargó al Pontificio Consejo para los Textos Legislativos la tarea de iniciar, desde el año 2009, su revisión. Después de casi 12 años de trabajo, ahora el Papa Francisco promulga el nuevo Libro VI, que podríamos calificar de derecho penal benedictino-franciscano. Fue una tarea de mucha técnica legislativa, conservándose el número de 89 cánones, de los cuales, 63 han sido modificados (71 %), 9 se han trasladado de lugar (10 %) y solo 17 quedaron intactos (19 %).

De acuerdo con Mons. Arrieta, los cambios introducidos responden básicamente a tres criterios guía: 1) las normas son más específicas, lo cual reduce la discrecionalidad de la autoridad y ayuda a aplicar mejor las penas para cada delito; 2) se provee mejor a la protección de la comunidad y de la víctima, con la reparación del escándalo y la compensación del daño; 3) se dota al Pastor de medios necesarios para prevenir los delitos e intervenir a tiempo para corregir situaciones que pudieran agravarse, y se explicita el principio de presunción de inocencia y el derecho de defensa del acusado.

Propósito de la reforma

La reforma «tiene como propósito hacer que las normas penales universales sean cada vez más adecuadas para la protección del bien común y de los individuos, más congruentes con las exigencias de la justicia y más eficaces y adecuadas en el contexto eclesial actual» (Mons. Filippo Iannone). Las normas están presentadas de manera más sencilla y clara, para que puedan ser aplicadas sin mayores dificultades, a tiempo y con caridad pastoral. Al promulgar la reforma, el Papa recuerda que una dimensión de la función pastoral es también el recurso al sistema penal, siempre que sea necesario, para el restablecimiento de las exigencias de la justicia, la enmienda del reo y la reparación de los escándalos.

Principales modificaciones

Se introducen nuevas figuras delictivas, sobre todo en el ámbito económico financiero, se configuran mejor otros delitos ya previstos; aparecen nuevas penas expiatorias, como la multa pecuniaria, la indemnización por daños y perjuicios, la privación de toda o parte de la remuneración eclesiástica, la prohibición de usar el traje eclesiástico o el hábito religioso y la privación de las facultades de oír confesiones o de predicar (unos ya existentes en el Código de derecho canónico de 1917). Además, se deja a la Conferencia Episcopal la tarea de especificar un par de leyes (c. 1336 § 2, 2º; § 4, 5º). La censura de suspensión también se aplica a todos los fieles y no solo a clérigos. Se reviven dos remedios penales que ya existían en el Código de 1917, a saber, la vigilancia y el precepto penal. Se plasma explícitamente el principio fundamental de la presunción de inocencia; se modifican los plazos de prescripción de la acción criminal para perseguir los delitos; se modifica el epígrafe de varios títulos, especialmente de la Parte II; asimismo, se reordenan los grupos de delitos con una mejor sistemática.

Tutela de menores y personas vulnerables

Un aspecto importante de la reforma se refiere a la tutela de menores y personas vulnerables. Se incorpora al texto legislativo delitos ya establecidos anteriormente por el Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco. Cito textualmente el canon 1398 que, además del clérigo, sanciona también a religiosos, miembros de sociedades de vida apostólica y laicos:

«§ 1. Sea castigado con la privación del oficio y con otras justas penas, sin excluir, si el caso lo requiriese, la expulsión del estado clerical, el clérigo:

1.º que comete un delito contra el sexto mandamiento del Decálogo con un menor o con persona que habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón o a la que el derecho reconoce igual tutela;

2.º que recluta o induce a un menor, o a una persona que habitualmente tiene un uso imperfecto de la razón, o a la que el derecho reconoce igual tutela, para que se exponga pornográficamente o para participar a exhibiciones pornográficas, tanto verdaderas como simuladas;

3.º que inmoralmente adquiere, conserva, exhibe o divulga, en cualquier forma y con cualquier instrumento, imágenes pornográficas de menores o de personas que habitualmente tienen un uso imperfecto de la razón.

§ 2. El miembro de un instituto de vida consagrada o de una sociedad de vida apostólica, y cualquier fiel que goce de una dignidad o ejercite un oficio o una función en la Iglesia, si comete uno de los delitos enumerados en el § 1 o en el c. 1395, § 3, sea castigado según el c. 1336, §§ 2-4, y con el añadido de otras penas en proporción a la gravedad del delito».

Conclusión

La reforma del derecho penal canónico es una buena oportunidad para que todos los miembros del pueblo de Dios conozcan esta parte del derecho canónico y eviten la comisión de delitos. Porque de nada serviría mejorar el sistema penal canónico si se le desconoce; carecería de eficacia en su propósito de tutelar las leyes divinas y las meramente eclesiásticas. Darlo a conocer es tarea de quienes tienen el cuidado pastoral de una comunidad.

Pbro. Dr. Mario Medina Balam
Decano de la Facultad de Derecho Canónico

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