La Suprema Corte de Justicia de la Nación da la espalda a los nonatos

La Suprema Corte de Justicia de la Nación da la espalda a los nonatos

La Suprema Corte resolvió favorablemente el recurso de inconstitucionalidad del art. 196 del Código Penal del Estado de Coahuila que penaliza el aborto hasta con tres años de cárcel. También aprovechó para votar la invalidación del art. 195 del mismo Código, que define el aborto como el causar la muerte del producto de la concepción, en cualquier momento del embarazo. Con esta decisión, se establece un criterio obligatorio para todo juez del país. El presidente de la Suprema Corte afirmó: “A partir de ahora se inicia una nueva ruta de libertad, claridad y de respeto a todas las personas gestantes, pero sobre todo a las mujeres. Es un paso más en la lucha histórica por su igualdad, su dignidad y el pleno ejercicio de sus derechos”.

Argumentos de la Suprema Corte

Considerando los argumentos que expresaron los ministros de la Corte antes de la votación, y que los medios de comunicación han subrayado, llama la atención la superficialidad de sus argumentos, que más bien parecen ser argumentos ad hominem. Porque se han plegado a una sola línea, de modo falaz: defender el derecho humano de la mujer a determinar el sentido de su vida y la decisión sobre su cuerpo, de ser madres o no; defender la autonomía y privacidad de las mujeres en su decisión de abortar; evitar la criminalización del aborto que, supuestamente, deja indefensa a la mujer y pone en riesgo su integridad física o psíquica al no recibir la atención adecuada; elevar el aborto al rango de derecho fundamental; usar el sofisma de que es falso el dilema de quienes están a favor o en contra de la vida, pues “estar a favor del aborto es estar a favor de una vida digna de las mujeres”; que es violencia de género enviar a la cárcel a la mujer que aborta; que “nadie se embaraza en ejercicio de su autonomía para después abortar”. Por consiguiente, proponen que no haya una regla jurídica para que el aborto voluntario se practique más allá de las 12 semanas, y permitirlo incluso hasta las 20 semanas; que el Estado acompañe a la mujer en su decisión de abortar y en la ejecución del aborto. Es una pena que los ministros hayan ignorado totalmente al nonato, que es el directamente afectado por la terminación del embarazo, que nada debe y que no puede defenderse.

Valoración personal

Se ha allanado el camino de libertad para abortar, se ha declarado la sentencia de muerte a millones de seres humanos que serán concebidos para luego ser descartados. Los ministros podrán decir que no han aprobado el aborto, sino simplemente lo han despenalizado. En la práctica es lo mismo, pues es de sobra conocido el dicho: “lo que no está prohibido está permitido”.

El respeto incondicional a la vida es un valor esencial de toda civilización que se precie de ser humana. Entregar a los de su misma especie al libre exterminio es señal de decadencia. Los ministros se han rendido fácilmente a la presión de una corriente que promueve el aborto y otras ideologías que degradan la naturaleza humana con argumentos falaces, pretendiendo que son progresistas de izquierda.

Es verdad que la mujer y el hombre son iguales, que la mujer es dueña de su propio plan de vida, que no es una incubadora, que existen muchas mujeres pobres o indígenas en condiciones precarias, etc. Nadie lo niega. Pero ¿quién dice que concebir y dar a luz hace a la mujer ser menos que el hombre? ¿Acaso no pueden hacer su plan de vida antes de concebir una nueva vida? ¿Acaso no son las mujeres más pobres y las indígenas quienes menos piensan en abortar? ¿Cuándo pasó el aborto a ser derecho humano fundamental en lugar del derecho a la vida?

Nuestra Constitución afirma: «Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el espaciamiento de sus hijos» (art. 4). Haciendo una interpretación provida, diríamos que la Constitución alude a la paternidad responsable, que comienza con la protección de la vida que se concibe, no que usa el aborto como medio.

El misterio de la vida, y más aun la vida humana, está en las manos de los seres humanos, y nos corresponde tributarle toda reverencia. Cada persona puede escuchar la voz de su conciencia que le habla de la ley inscrita en su corazón, que le manda respetar la vida. Dejar de tutelar este derecho a la vida con una ley positiva es querer acallar esa voz, es pretender ignorar la ley inscrita en el corazón que inclina a amar la vida. No porque se despenalice el aborto, este se convierte en algo bueno. Ciertamente despenalizar el aborto no significa obligar a realizarlo. Pero sin duda significa abrir las puertas de par en par a quienes de manera irresponsable y sin justificación alguna quieran terminar con un embarazo, mediante el aborto.

Colofón

La Iglesia católica siempre ha defendido la vida humana desde su concepción hasta su muerte natural; lo seguirá haciendo a pesar de remar contra corriente. Si por ello es tachada de conservadora, con orgullo llevará esa etiqueta. Por otro lado, no considera a la mujer como una incubadora, sino como una persona que tiene el alto honor de ser co-creadora de una nueva vida humana, de alimentarla y de cuidarla hasta que pueda ver la luz de este mundo y subsistir por sí misma. La despenalización del aborto no modifica en nada nuestra responsabilidad hacia toda vida humana.

Pbro. Dr. Mario Medina Balam
Derecho Canónico UPM

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