Evangelii Gaudium. VI. Leamos los signos de los tiempos

Evangelii Gaudium. VI. Leamos los signos de los tiempos

Pbro. Dr. Manuel Olimón Nolasco

Existen dos párrafos en la exhortación Evangelii Gaudium que contienen una magistral síntesis del enfoque que, por lo menos desde el documento Evangelii Nuntiandi de Su Santidad Paulo VI–carta magna y hoja de ruta de la evangelización en el contexto de la historia contemporánea—da sentido al impulso de la  comunidad eclesial en medio de las complejidades humanas. En ellos se nos dan instrumentos de análisis dinámico, cuya puesta en acción nos introduce en un compromiso que al mismo tiempo que da temor—así pasa al salir del egoísmo–lleva a una satisfacción interior solo identificable con el cumplimiento de una misión.

En esos párrafos se habla acerca de cómo el camino de la evangelización parte de los retos de la cultura y la búsqueda del modo de afrontarlos, entendida la cultura como el entorno completo en que se desarrolla la vida de las personas y de las sociedades y, por consiguiente, el espacio de acción de la comunidad de los cristianos. Desde una especie de mirada desde lo alto, que abarca al mundo entero, se obtiene la certera observación de una situación no saludable que más que penetrar en la hondura de la realidad se queda en la superficie: “En la cultura predominante, el primer lugar está ocupado por lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo rápido, lo superficial, lo provisorio. Lo real cede el lugar a la apariencia. En muchos países la globalización ha significado un acelerado deterioro de las raíces culturales con la invasión de tendencias pertenecientes a otras culturas, económicamente desarrolladas pero éticamente debilitadas.” (n. 62) “Reconozcamos que una cultura, en la cual cada uno quiere ser el portador de una propia verdad subjetiva, vuelve difícil que los ciudadanos deseen integrar un proyecto común más allá de los beneficios y deseos personales.” (n. 61).

No es difícil captar a nuestro alrededor este deterioro ético y esta devaluación de la palabra que rompe con las raíces de la cultura. La publicidad comercial, con frases aparentemente inocentes pero en realidad estudiadas con detenimiento en sus efectos por equipos de psicólogos, sociólogos y mercadólogos, venden al mejor postor no pocas veces aparatos de comunicación sofisticados y costosos que más que contribuir a una mejoría en el trato humano, conducen a afectaciones enfermizas cercanas a la adicción o a auténticas adicciones. La propaganda política, cada vez más parecida a la comercial, “vende” promesas tantas veces imposibles de hacerse realidad y esfuman la memoria de otras tantas promesas y sobre todo acciones fallidas, que si se hubieran realizado estaríamos en un mundo cercano al paraíso terrenal. Durante la reciente campaña política en Nayarit, por ejemplo, se utilizaron frases burdas y se hicieron de nuevo promesas imposibles—“agua todos los días a todas partes”–que sin duda pronto se olvidarán y cuando venga una nueva fecha propicia se repetirán, pues la consigna central es que “estamos haciendo historia en el presente.” Un asesor del presidente Richard Nixon apuntó hace años: “Los votantes son básicamente perezosos, desinteresados en realizar un esfuerzo para comprender de qué están hablando los políticos…Razonar requiere un grado mayor de disciplina, de concentración; la impresión es más simple.”

Las raíces culturales son a las sociedades y los pueblos lo que las raíces a los árboles. Las sostienen en pie y no con nostálgicas miradas al pasado sino precisamente viendo a lo lejos, en el futuro, lo que puede ser sólido y portador de bien y verdadera alegría.

No es posible concebir el cristianismo como si se inventara cada día. Tampoco como la repetición monótona de rituales y costumbres carentes de interioridad y base. La aceptación de los retos del tiempo presente, sin embargo, no puede prescindir de la experiencia de siglos de reflexión orante y de la prueba de muchos lugares y comunidades.

El Papa nos está invitando—y, me parece, nos está convocando—a auscultar, con mirada creyente, los “signos de los tiempos” y a incidir en la cultura intentando fincar bases sólidas. Y si en Evangelii Gaudium se expresó en general, en otras ocasiones lo ha hecho de manera concreta. El 14 de julio de este 2014, en su mensaje dirigido al “Coloquio México-Santa Sede sobre movilidad humana y desarrollo” expresó: “La globalización es un fenómeno que nos interpela especialmente en una de sus principales manifestaciones como es la emigración. Se trata de uno de los signos de este tiempo que vivimos y que nos recuerda las palabras de Jesús: ‘¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?’”

Esa voz que desde Roma se dirige al mundo es la voz de tantos miembros de la humanidad que carecen de ella pero que, desde una plataforma de esperanza, saben que Dios es Padre de todos y cobija esas esperanzas.

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