Evangelii Gaudium. VII. El reto de los fundamentalismos

Evangelii Gaudium. VII. El reto de los fundamentalismos

Pbro. Dr. Manuel Olimón Nolasco

Debo decir que me llamó la atención la visita que el Santo Padre Francisco hizo en la mañana del 28 de julio a su amigo el pastor evangélico pentecostal Giovanni Trentino y la charla que pronunció para 350 miembros de su comunidad en Caserta, ciudad del Sur de Italia. Y no sólo porque la experiencia que tenemos en México es de proselitismo agresivo, lectura plana de la Sagrada Escritura sin distinción del Antiguo y el Nuevo Testamento, confusión del culto a las imágenes con “idolatría” y faltas de caridad al identificar al Papa como el “anticristo” o “el que lleva la señal de la bestia” y a la Iglesia fundada en Roma como “la prostituta de Babilonia”. Esos adjetivos, surgidos de la lectura literal del Apocalipsis, son signos evidentes señales de fundamentalismo, de la dificultad para aceptar la complejidad histórica, literaria y cultural del mensaje cristiano.

Desde luego, la condición de pluralidad y de liderazgo carismático local que caracteriza a los nuevos movimientos religiosos de esta línea hace que haya que reconocer su apertura al diálogo o su negación al mismo casi de manera individualizada. No podemos olvidar—y sin duda Su Santidad lo tiene muy en cuenta—que la Conferencia Episcopal Latinoamericana realizada en Aparecida en 2007 indicó la necesidad de intentar el diálogo con quienes de modo fragmentario se identifican con Jesucristo. En Caserta Francisco dijo: “[…] Algunos se sorprenderán; ¿cómo es que el Papa visita a los evangélicos?: Él vino a ver a sus hermanos”.

La postura católica, aunque naturalmente cautelosa, es abierta. No así la de otras comunidades. Un reportaje de Nicole Winfield de la agencia AP expuso a propósito del saludo papal en casa del pastor Traetino: “[…] Algunos grupos evangélicos italianos se reunieron en esa misma ciudad y subrayaron la incompatibilidad de sus creencias y las de la Iglesia católica y ‘su’ Papa”.

Largo, pues, parece el camino del diálogo.

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“Evangelii Gaudium” en el número 63 hace un certero análisis del desafío cultural de los nuevos movimientos religiosos.

Reconoce que “[su] proliferación” es un “desafío a la fe católica de muchos pueblos” y los clasifica en dos modelos: los que tienden al fundamentalismo como separación, sentimiento de ser “escogidos” (por regla general pentecostales) y los que “parecen proponer una espiritualidad sin Dios” (de origen budista o hinduista). En el panorama de la cultura urbana de América Latina, encontramos a los primeros en los barrios populares de las ciudades en caótica expansión y a los segundos entre gente de buena posición económica, habituales de “retiros con la naturaleza”, “spas” y clubes exclusivos. En Puerto Vallarta, Cancún o Los Cabos pueden encontrarse seguidores de estas corrientes que se apilan en torno a un “gurú” o se fascinan por el paso de monjes vestidos con túnicas de color azafrán que tocan sonajas y ambientan el espacio con el olor del incienso.

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La mirada del Papa no se queda en la superficie. Va a las raíces culturales de lo que pasa: “Esto es, por una parte, el resultado de una reacción humana frente a la sociedad materialista, consumista e individualista y, por otra parte, el aprovechamiento de las carencias de la población que vive en las periferias y zonas empobrecidas, que sobrevive en medio de grandes dolores humanos y busca soluciones inmediatas a sus necesidades”.

Existen, pues, profundos vacíos en la interioridad humana. Unos manifestados como deseo de asirse a algo sólido en medio de un alud de opiniones, ideas y expresiones que desconciertan y otros expresados como búsqueda de un remanso en las imparables carencias económicas y afectivas. Las “soluciones inmediatas”, obtenibles en medio de una nube de euforia (por ejemplo del estilo “pare de sufrir”)se desvanecen pronto y se van “como la paja que disipa el viento”.

Nadie duda que la Iglesia católica tiene en su milenaria tradición, en la experiencia de sus místicos, en corrientes sólidas de espiritualidad y en la entrega ininterrumpida de tantos misioneros y gente común en el mundo entero, las respuestas a esos vacíos. Pero tampoco podemos dudar de obstáculos como el estilo burocrático, la celebración anodida de “ceremonias” individuales impregnadas de espíritu mundano y monotonía y más en general “[…] la existencia de unas estructuras y un clima poco acogedores en algunas de nuestras parroquias y comunidades…En muchas partes hay un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral así como una sacramentalización sin otras formas de evangelización”

El reto está frente a todos. Los lineamientos papales son luminosos. Pero de poco servirán si no se toman como palabras que guíen el compromiso.

Marco sólo un paso: la necesidad de comunidades litúrgicas vivas, donde la homilía haga “arder el corazón”, donde la fascinación auditiva con cantos apropiados y bien ejecutados y la fascinación visual con la belleza colorida del arte que parece haberse ido de nuestras parroquias y comunidades estén presentes sin la necesidad del estruendo de los espacios de reto pentecostales o budistas.

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