El gozo de valorar la vida

El gozo de valorar la vida

Pbro. Dr. Manuel Olimón Nolasco

 

1.- Una manifestación en la ciudad de Washington.

El 27 de enero de 2017 tuvo lugar una manifestación que congregó a más de cien mil personas en la ciudad de Washington: la marcha por la vida en su edición anual número 44. Fue, de todas, la más concurrida y en la que su nota distintiva fue la alegría, el gozo. Después de transitar por algunas importantes avenidas, se detuvieron frente al edificio de la Suprema Corte de Estados Unidos. Ahí se pronunciaron algunos discursos que dieron a conocer que, a pesar de todos los cambios legales en diferentes lugares del mundo, hay cada vez más gente consciente del valor de la vida humana. ¿La razón de la marcha?: hace cuarenta y seis años la citada Corte, después de un controvertido proceso, individualizado en el caso Roe contra Wade, sentenció la legalidad del aborto provocado y abrió las puertas para una legislación permisiva en el delicadísimo tema de la vida humana en el seno materno y su protección en el ámbito cultural, social, ético y legal. Una revisión delicada del itinerario que condujo a esa sentencia subraya que se basó “en una  falsedad”.[1]

Inició el acto con una oración dirigida por el cardenal Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York. Después tomaron la palabra los congresistas Chris Smith y Mia Love, quienes enfatizaron: “Cada vez que el aborto mata un niño todos sufrimos, perdemos nuestro futuro…Las mujeres que han sobrevivido a Roe contra Wade son nuestro futuro…” En referencia a una organización sobre la que se han dado pruebas de comercio macabro e ilegal con embriones, Smith dijo: “El lugar más peligroso para un niño o una niña no nacido es una instalación de ‘Planned Parenthood”. El vicepresidente estadounidense Mike Pence, asiduo participante junto con su familia a estas marchas, expresó vivir “un momento histórico en la causa de la vida” y apuntó a dedicar esfuerzos a “ganar los corazones y las mentes de la nueva generación”.

Lo más destacado de la ocasión fue sin duda la presencia de muchísimos jóvenes y la mirada puesta más en el futuro que en el pasado.

Su Santidad Francisco, con su acostumbrada claridad envió un mensaje. Señaló: “Es tan grande el valor de una vida humana y  tan inalienable el derecho a la vida del niño inocente que crece en el seno de su madre, que de ningún modo se puede plantear como un derecho sobre el propio cuerpo la posibilidad de tomar decisiones con respecto a esa vida”. Y formuló el deseo de que lo vivido ese día contribuya “a una movilización de las conciencias en defensa del derecho a la vida y a medidas efectivas para asegurar su adecuada protección legal”.

2.- Hace cuatro décadas.

El contexto histórico de hace cuarenta años ha sido descrito magistralmente por la doctora Mary Ann Glendon en su libro: “Una nación bajo los abogados. Cómo la crisis en la profesión está transformando la sociedad estadounidense.”[2] Con la lectura de sus densas páginas se reconoce el desmantelamiento de algunos conceptos fundadores de la democracia estadounidense y el aumento del poder de la Corte, transformada en la práctica en un tercer elemento legislativo además del Senado y la Cámara de Representantes.

El caso estadounidense fue antecedido y seguido  en otras partes. La Iglesia católica estuvo y está con los ojos abiertos.

En septiembre de 1973 el papa Paulo VI  tuvo un lúcido discurso ante la Academia Internacional de Medicina Legal  en que se refirió a la mentalidad inhumana que crecía bajo el velo de los “derechos” y en noviembre de 1974, la Congregación para la Doctrina de la Fe, siguiendo la línea de los episcopados holandés y francés, emitió una “Declaración sobre el aborto provocado”. En 1977 se habló en México por primera vez de la posibilidad de modificar el marco legal en materia de aborto y de inmediato la Conferencia Episcopal presidida por el cardenal José Salazar, dedicó tiempo y esfuerzo a preparar las conciencias. El  8 de febrero de 1978, miércoles de ceniza, los obispos de la Región Pastoral de Occidente dieron a conocer un documento de gran calado que valdría la pena tener presente en la actualidad. Monseñor Adolfo Suárez Rivera,  entonces obispo de Tepic, lo presentó con estas palabras: “El asunto que trata es sumamente importante y no va dirigido a polemizar contra la posible ‘legalización’ del aborto, sino que ahonda…en el aprecio a la vida dentro del plan maravilloso de la Creación y Redención humanas…Tal vez nuestras voces aparezcan de pronto ahogadas en el barullo de la propaganda a favor del aborto y las presiones internacionales, pero a nosotros nos corresponde exponer valientemente la verdad: esa es nuestra obligación y nuestra gloria, como lo afirmó San Pablo”.[3]

3.- Una luz de esperanza después de un triste camino.

Las “presiones internacionales” siguieron adelante a la manera de una aplanadora y tuvieron puntos culminantes en las Conferencias Internacionales de Población de Bucarest en 1974, México en 1984 y El Cairo en 1994. A pesar de que la segunda se pronunció en contra del aborto, indicios posteriores reflejaron que desde algunos países desarrollados se dirigieron financiamientos para que éstos fueran “seguros” en países emergentes. Las conclusiones de El Cairo fueron ambiguas y la postura del gobierno mexicano en ella y en Cartagena poco antes, también lo fue. Escribí entonces: “[Antes de la reunión de El Cairo una] carta del Papa Juan Pablo II fue entregada al presidente Salinas y comentada con él por monseñor Adolfo Suárez Rivera, presidente de la CEM…En la cumbre de Cartagena en junio de 1994 (después de que se había enterado de la posición papal) el gobierno mexicano, junto con España y Cuba, se opuso a que se expresara una postura iberoamericana común en contra del aborto”.[4]

Sería muy largo seguir los pasos tristes del camino de la cultura de la muerte que ha logrado “avances” significativos sobre todo en Europa en donde se ha querido limitar incluso la libertad de expresión. En 2016 se presentó en la Asamblea Nacional francesa un proyecto de que cualquier comunicación oral o escrita que se opusiera al “derecho al aborto” debería ser penalizada. Felizmente prevaleció la sensatez y la radicalidad de la posición liberal de Occidente sobre la libertad de palabra y no se aprobó la moción.

No cabe duda que la manifestación en Washington dibuja un rayo de esperanza sobre todo por la presencia de muchísimos jóvenes. Un cartel que llevaba en las manos una muchacha entusiasta decía: “I am pro-life generation” (“Yo soy la generación a favor de la vida”). Sobre la multitud parecía flotar la frase del presidente de 1829 a 1837, Andrew Jackson: “El mismo Dios que nos dio la vida nos dio la libertad”.

4.- Una mentalidad preocupante.

Sin embargo, en círculos profesionales  en el área de la medicina, la psiquiatría y la psicología, ha penetrado un modo de pensar y de orientar que se inclina a facilitar el recurso al aborto aludiendo sin demasiada profundidad a la salud “física o psicológica”, al bienestar y la supresión de esfuerzos y sufrimientos sin tener en cuenta la belleza de los momentos inéditos, la solidaridad humana y la infaltable ayuda de la gracia divina.  La autoridad que desde esa posición se puede ejercer y los abusos y faltas de respeto a la conciencia individual que no escasean, resultan más riesgosos que las polémicas sobre el ámbito legal pues tocan casos reales, envueltos en drama y que requieren lucidez y valentía. ¿Cuál es, por ejemplo, el ámbito y los límites de la “salud psicológica”?, ¿quién los determina?, ¿dónde queda la libertad de conciencia?, ¿es posible en la vida real excluir todo sufrimiento?

Esta mentalidad preocupante y sus avances abusivos encuentra felizmente resistencia  desde la identidad de la mujer poseída por el verdadero amor a la vida.

Esta resistencia desde lo hondo de ser persona libre y en relación con el mundo, con los demás y con Dios, ha sido descrita de modo testimonial en un relato impactante que bajo el título de “El Señor del mar” hizo pública Valentina O. H.[5] , una mexicana que vive nuestro tiempo más atraída por la luz que llega a quien reconoce la belleza de la entrega que por las oscuridades tentadoras que tanto fascinan. Ella es indudablemente miembro de la nueva generación a favor de la vida. Ha escuchado en su interior la voz del apóstol San Juan: “Dios es luz…Si afirmamos estar asociados a Él y nos movemos en las tinieblas, mentimos y nuestra conducta no es sincera. En cambio, cuando nos movemos en la luz…somos solidarios unos de otros y, además, la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado”. (1a. Carta de Juan, 1, 6 y 7)

De tal manera me he sentido atraído por esta narración, que no puedo dejar de difundirla pues ha hecho llegar a mi corazón EL GOZO DE VALORAR LA VIDA.

5.- Ejemplo luminoso de una mujer valiente.

Comenzó así su relato: “Cuando tuve dos meses de embarazo fuimos a ver al ginecólogo y nos dijo que la medida del cuello de la bebé era pequeña y que podía ser una indicación de síndrome de Down”. Un mes después la “indicación” se confirmó. Como si se tratara de cualquier detalle sin importancia, el médico dijo: “–en estos casos el aborto es legal”. A lo que Valentina respondió: “–Yo no quiero abortar”. Las presiones continuaron; ella aceptó la sugerencia de los familiares del esposo de que fuera a Nueva York a hacerse una prueba para comprobar la situación. Ahí encontró de nuevo la frialdad “profesional”: “–¿Cuándo va a querer que se le practique el aborto? –No lo voy a querer…No voy a abortar ni aquí ni en México. Quiero a mi hija venga como venga”.

Le llegaron más comentarios catastrofistas: “Mi suegra me envió un artículo sobre lo difícil que era para algunas personas aceptar que esperaban un bebé con síndrome de Down”. Se la empezó a culpar por los estados depresivos del esposo. Un psiquiatra que lo había tratado desde antes le dijo: “–Necesitan hablar del aborto como opción…necesita decirte que quiere que abortes a tu hija…Siente que estás siendo desleal…No está preparado para recibir a esta bebé en su familia”. Continuó: “…Te advierto que esos niños traen un gran sufrimiento a sus familias y retos inconmensurables que tu marido no va a poder vencer”. A lo que respondió Valentina: “–Yo también conozco familias que son felices. Ahora la vida es diferente: estas criaturas gozan de una mayor aceptación en la sociedad y hay excelentes escuelas para su educación”. Intervino el marido culpándola: “–Esta niña va a destruir a la familia…¿por qué nos quieres imponer un peso tan terrible..?” E insistió el psiquiatra “tratándome como si fuera estúpida: –Entiende; tienes que terminar con el embarazo porque esta niña va a ser el acabose para tu esposo”. Respondió Valentina: “–Le aclaro, doctor, que mi esposo no es mi hijo; lo escogí como pareja de igual a igual. Sus emociones no son mi responsabilidad…Hábleme directamente: me trajeron aquí para pedirme que aborte…” El médico trató de temperar el momento: “–Abortar es una palabra muy fuerte; prefiero ‘terminación del embarazo'”. La respuesta contundente fue: “–Mire, doctor, déjese de eufemismos. Si usted me está pidiendo que aborte, por lo menos tenga el valor de verbalizarlo tal cual. ¡Qué cinismo!, ¿Con qué ética me está usted pidiendo eso? Y si me está pidiendo que escoja entre mi esposo y mi hija…ya sabe cuál es mi respuesta”.

6.- Un ángel sobre la tierra.

La niña nació, tiene ya más de tres años y a todos los que la han tratado–yo me incluyo–sólo da felicidad. Valentina resume así el mensaje de Ivana: “Para mí es un ángel sobre la tierra. Un amor que vive sin juzgar a otros, honesta y auténtica en cada momento. Sus besos y abrazos me alimentan el alma…Es como caminar entre árboles mecidos por el viento entregándote el aire más puro, con un sonido de sus ramas que pareciera que te hablan, que te aseguran que todo irá bien…sigues caminando con más seguridad y fuerza, llena de esperanza. Así es ver a mi hija amar a su familia con su encantadora sonrisa”.

El trazo de la vida de Valentina, los signos sobre su familia y las luces sobre las nuevas generaciones, es más elocuente que infinitas discusiones teóricas. Plantea la necesidad de comprender el núcleo del amor que supera el  encerramiento egoísta y calculador que parece dominar los tiempos nuestros. El Cantar bíblico de Salomón lo  afirma: “El amor es fuerte como la muerte” (Cant. 8, 6). Podemos nosotros también decir: el amor vence a la muerte.

Gracias a Valentina y a tantas mujeres valientes que forman la “generación a favor de la vida”.

 

[1] Nota de AICA (Agencia Informativa Católica Argentina), 28 de enero de 2017. (Texto electrónico consultado ese mismo día).

[2] El libro está escrito en inglés: A nation under lawyers. How the crisis in the legal profession is transforming American society, Harvard University Press, Cambridge Mass. 1994. (La frase “A nation under lawyers” alude a la tradicional “A nation under God” (“Una nación bajo Dios”) y describe perfectamente el sentido de la crisis y de la transformación).

[3] Circular 3/78, 27 de enero de 1978. (Con cierta amplitud referí este punto en mi libro biográfico sobre el cardenal Suárez: Servidor fiel. El cardenal Adolfo Suárez Rivera. 1927-2008, Arzobispado de Monterrey/Miguel Ángel Porrúa, México 2013, pp. 118-120. Se encuentra en prensa la segunda edición de este libro, que se publicará bajo el sello de Editorial San Pablo).

[4] Hacia El Cairo: mucho más que una polémica, La Cuestión Social, año 2, núm. 3 (septiembre-noviembre 1994), p. 234. En ese número se publicaron artículos referentes a la temática de la Conferencia de la Población: Eduardo Bonnin, Derechos humanos y políticas demográfica en América Latina, Manuel Chávez Ascencio, Derechos del concebido y sus progenitores y el citado.

[5] Edición de la autora, México 2016.

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